Siempre aparece alguien que tuerce el destino. Todos los equipos tienen escondido a ese jugador que irrumpe con traje de héroe cuando pocos lo suponen, y que entran en la historia de recordadas campañas, que si terminan bañadas de gloria serán más inmortalizados aún. Fue el caso de Alejandro Ochoaizpuru, que jamás olvidará que un día como el de ayer le marcó a Deportivo Castelli, y en el último minuto de los 6 adicionados, el gol que le dio a Conesa la posibilidad de llegar a la jornada de cierre del Apertura con chances de ser campeón.
Fue un final apoteótico, genial para los muchos conesinos que fueron hasta Castelli para acompañar a su equipo en una cruzada de las bravas, de esas que hay que pasar para saber si se está o no en condiciones de salir campeón. La prueba fue superada, con bravura, hidalguía y encima con suspenso. Los hinchas tuvieron todos los condimentos para sazonar la receta del título, esa cúspide que un rato antes parecía un tanto lejana.
Conesa y Deportivo Castelli, que se jugaba sus últimas cartas en pos de un triunfo que lo pusiera otra vez a tiro, jugaron un primer tiempo con escasas emociones, con los dientes apretados y disputando cada pelota con la bravura de una final, que de hecho lo era en la práctica. No hubo ocasiones claras, y llegaron al segundo tiempo con el marcador en blanco.
El complemento transcurría casi de la misma manera, hasta que a los
Las noticias desde Dolores no eran alentadoras porque Social le ganaba cómodamente a Ferro, los nervios fueron creciendo y Conesa con el empate sumaba poco. Hasta que llegaron los instantes finales y Villalba apostó a otros nombres. Ahí apareció Ochoaizpuru, que en el cierre de un partido caliente encontró el gol, el de su vida, el que le dio a su equipo la enorme posibilidad de seguir de fiesta una semana entera y de empezar a soñar con el título, ese anhelo gigante que se acunará cuando reciba a Sarmiento el próximo domingo. Conesa sigue vivo, y le rinde por ahora homenajes a su nuevo héroe, y a un equipo que nunca se dio por vencido.